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Trasplante‬ Cardíaco Exitoso en Sanatorio Parque

Marcos Berón, un taxista de 40 años, salió del sanatorio luego de un trasplante de corazón y disfruta la recuperación con su familia.

El 2 de agosto pasado, Marcos Berón, un taxista rosarino de 40 años, comenzó una nueva vida. El destino le guiñó un ojo, le tendió una mano y lo invitó a extender su sendero y su tiempo, junto al conmovedor amor de su familia. Este hombre, después de 7 años de enfermedad (acarreaba una miocardiopatía dilatada), se encontraba en estado crítico, en lista de emergencia nacional y recibió un trasplante de corazón en el Sanatorio Parque. Tras la importante intervención, evolucionó favorablemente, y desde el jueves de esta semana se encuentra en la casa de su madre, recuperándose con señales muy positivas.

"Siento que Dios me regaló otra vida y estoy seguro de que la voy a aprovechar", señaló Berón, sentado alrededor de la mesa de la sencilla casa de pasillo de barrio Pichincha, el lugar que su madre le ofreció para estar cerca del sanatorio, donde tiene que cumplir con los controles junto al departamento de trasplantes del doctor José Luis Sgrosso.

"Yo volví a nacer, no tengo dudas de eso. Por eso tengo una felicidad inmensa y muchas ganas de agradecer a todos los que me permitieron llegar acá", deslizó emocionado, mirando a su mujer Rita y su pequeña hija Milagros, de 5 años, dos bastones esenciales, protagonistas también principales de esta historia de lucha repleta de empuje, determinación y coraje.

"A la nena le pusimos Milagros Angeles porque estuvimos mucho tiempo tratando de tener un hijo. Fueron más de 12 años después del casamiento. Y cuando llegó, le pusimos esos nombres, mágicos, que nos siguen acompañando con una tutela muy especial. Mili siempre nos dio fuerzas para seguir adelante y no bajar nunca los brazos", comentó Rita, orgullosa de su hija, quien hasta se animó a grabar un emotivo video y subirlo a YouTube, solicitando un corazón para su papá cuando todavía no había aparecido el donante.

Un relato vibrante, con luminosa sensibilidad infantil, que recorrió las redes sociales y que resume con crudeza y fidelidad todo lo que se moviliza alrededor del necesario acto de la donación.

En el comedor de los Berón estaba la madre, Liliana, su hermano Walter, su suegra Margarita y su cuñada Damaris. Evidentemente, el calor afectivo de la familia cumple un rol decisivo en este proceso de recuperación.

"Está de muy buen ánimo, siempre tiene ganas de comer y nos pide también que quiere salir a caminar", contó la dueña de la casa de calle Alvear.

En estos días, Marcos está afrontando la etapa de rehabilitación. "Ya me hicieron dos biopsias y viene todo muy bien. Tengo controles todas las semanas, después serán cada 15 días, y más tarde cada mes. Los doctores me pidieron que no me quede internado dentro de una casa, que me mueva, que camine y que a medida que tome fuerzas en las piernas, que salga a la calle, sin barbijo", contó.

Una tormenta. Berón estuvo un mes internado en el Sanatorio Parque, previo a la operación. "La última noche antes del trasplante tuve siete descargas seguidas (utilizaron el desfibrilador), los médicos le dicen tormenta. Ya el aparato no distinguía los tipos arritmia. La última descarga fue muy dolorosa, quedé congelado y lo único que podía mover eran los ojos. Parecía que el corazón lo tenía partido a la mitad", recordó.

Después de tantos padecimientos, se enteró la noche anterior de que podía surgir un donante. "Lo único que supe es que vino de un muchacho tucumano, de 32 años, que estaba en Bahía Blanca, y lo trajeron de ahí", reveló.

El momento de entrar al quirófano se clavó fijo en su recuerdo. "Estaba tranquilo porque le pedí un corazón a Dios y había llegado. Sentía que estaba preparado", apuntó.

Según cuentan los allegados, los médicos están sorprendidos con la recuperación que viene llevando Marcos. "Yo siempre fui optimista. Sentía que las cartas estaban echadas. Y desde que comenzó la enfermedad hace siete años, estaba preparado para lo que sea. Siempre fui consciente de lo que tenía, pero nunca me dejé manejar por la enfermedad. Nunca bajé los brazos, ni el último día. La luché, y por suerte llegó el corazón", destacó el taxista.

Debido a la experiencia que les tocó atravesar, la familia se encargó de remarcar la importancia de la donación. "Es difícil porque se destroza una familia para arreglar otra. Pero no tengo dudas de que es el acto de amor más grande que puede haber en la tierra. La verdad es que no sé qué me pusieron adentro, pero tengo una fuerza de locos", subrayó Marcos.

"Creo que todavía no puse los pies sobre la tierra. Me miro, veo el corte que tengo en el pecho, y no lo puedo creer. Asimilo la operación, pero no caigo de que estoy viviendo con un corazón nuevo. Realmente es un milagro de Dios", concluyó.

 

 

 

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